Playas
Playa Verde 
Primavera en Playa Verde El Arroyo Tarariras, en el kilómetro 91 de la ruta 10, indica el fin de Las Flores y el comienzo del Balneario Playa Verde.
Al situarse a la derecha de la ruta 10, Playa Verde queda apartada del tráfico y el ruido de la carretera, lo que le da silencio y tranquilidad a la zona, convirtiéndola en un entorno ideal para descansar, rodeado por los cerros y el mar.
La playa tiene partes pedregosas y sectores con arena. La playa ''De los Lamas'' es la más concurrida y tiene característica de ser una pequeña ensenada de arenas finas entre puntas rocosas. Se practican deportes en la arena como volley y fútbol.
La pesca a estado presente desde los inicios de Playa Verde, ya que en sus orígenes era un pueblito de pescadores. Las zonas rocosas son muy buenos pesqueros, además de realizarse pesca en embarcaciones, siendo tambien un muy buen lugar para realizar buceo.

Juan Pimienta, un vecino que vive en Playa Verde, ha pasado al papel muchos cuentos, historias y anécdotas ocurridas en el balneario. Hemos elegido uno de estos cuentos para compartirlos con ustedes.

Corvinas a soga.

Hoy en día, la pesca de la corvina negra, no se da con la regularidad y abundancia de años pasados, entre tantas que recuerdo, una preferentemente por haber participado en la misma, cuyo resultado arrojó la cantidad de 48 ejemplares, que variaban entre los 10 y los 24 kilogramos.
Una vez en la costa, se apartaron las que aún estaban con vida y se ataron con una cuerda de poco más de un metro que pasa por la mandíbula con una lazada y luego con un des-torcedor se une a una cuerda madre, bien tirante entre dos anclas a unos, 30 o 40 metros de la costa donde hay una profundidad de un metro aproximadamente. Cada corvina queda a 3 metros de distancia de la más próxima para evitar se enreden entre ellas. Con esa técnica se logra mantenerlas vivas 2 o 3 días y salvar el problema de la conservación sin tener que recurrir a cámaras, que en P. Verde no las hay, para estos volúmenes.
Hacía unos cuantos días que la pesca no se daba en ninguna de las especies, a pesar de haber intentado con diversos artes y probado en todos los pesqueros de su conocimiento. En la tarde de ese día había convenido con El Pato, el porteño Guillermo, un buen amigo que viene a P. Verde desde la niñez, gran aficionado a la pesca, el que narra y finalmente Ana, la esposa del Pato que se agregó a último momento.
La noche estaba hermosamente oscura, el cielo limpio y estrellado, el mar, apenas ondulaba, la pequeñas rompientes se deshacían en una fosforescencia que iluminaba delineando la silueta hasta de la más pequeñas criaturas. El propósito de la sálida era la captura del pejerrey a través de trasmallos colocados al borde de la isla grande, accidente costero que esta formado por un roquedal sumergido, que asoma en la bajante. Este lugar rocoso es uno de los preferidos, de la mencionada especie, pero también lo es de la corvina negra, por la gran cantidad de mejillón, su alimento preferido, adherido a las enormes rocas.
Llegamos a la isla sigilosamente, introduciendo la pala de los remos con la delicadeza, que, más se parecía a una caricia que al intento de avanzar, apenas si denunciaba nuestra presencia la estela luminosa que dejaban las palas de los remos en sus suaves movimientos.
Cuando El Pato consideró que estábamos en el lugar adecuado para comenzar con la captura ató el primer muerto y lo arrojó al agua y cuando apenas había echado tres o cuatro metros de malla, viene la gran sorpresa: el fondo del mar se iluminó por las disparadas de un cardume de corvinas, de inmediato procedió a levantar las artes y tan silenciosamente como habíamos llegado pero con nervio y premura volvimos a la costa en busca de las mallas para corvina negra, ya nos olvidamos de pejerrey, la única preocupación era volver a la isla y que el cardumen no se hubiera ido, volvimos al pesquero, derecho al lugar donde echaría el primer muerto, así se hizo, bajo la batuta del gran maestro y patrón de la embarcación, hombre de mar, conocedor del lugar, como nadie, el cardume afortunadamente estaba en pleno festín, no se había movido del lugar, apenas arrojó medio trasmallo, 30 o 40 metros, cuando se empezó sentir los tirones por las que se iban enmallando, cuando terminó de tirar las tres o cuatro piezas acollaradas y sujetas en el extremo por un ancla, volvimos al lugar del comienzo y empezó la cosecha, impresionante, levantaba y levantaba y adentro, otra y otra...¿Cuántas van Ana? ... No sé,... perdí la cuenta,... hace un rato iban 20,... No importa las contamos en la costa.
Al fin levantamos la última, jadeantes, con la chalana cargada a punto de que la línea de flotación quedó a no más de 10 centímetros de la superficie de un mar por suerte muy sereno.
Cuando ocurrían estas capturas, se corría la noticia por los pueblos vecinos y acudían los fanáticos de la corvina a la brazas, venían de Pan de Azúcar, de Piriápolis, Gregorio Aznáres y hasta de San Carlos, pedían por favor de que se les llamaran por teléfono, que no los dejaran afuera.
En un oportunidad apareció un forastero, hombre de afuera, entre curioso e incrédulo en busca de las tan famosas corvinas, no solo por lo sabrosas sino por el tamaño que se decía, lo que le olía más a cuento que a realidad. Hacía un par de días que se había hecho una buena captura y aún quedaban algunas en el agua atadas a una distancia de 50 metros de la orilla.
El hombre saludó a los presentes y preguntó con cierta timidez por el señor Pato Meirana, quién se hizo presente de inmediato, desarrollándose el siguiente diálogo:
El Forastero: - Señor Meirana, tengo antojo por comer una corvina a las brazas y me mandaron a usted que es el único que podía tener alguna.
El Pato: - Lamentablemente aquí no tengo.
El Forastero: - ¡Que pena!, volveré a mis pagos con las ganas de probar el tan mentado manjar.
El Pato, que es muy afecto a las travesuras, no pierde la oportunidad, al dar con un chambón en la materia, cuando el hombre ya estaba para irse le pregunta: ¿Usted está muy apurado? A lo que el forastero sorprendido le contestó, ... bueno apurado no,... pero me voy para afuera esta tarde. El Pato mira el reloj y le dice,...pero, ¿Usted puede espera 10 minutos?. Cualquiera se podrá imaginar a esta altura de los hechos, totalmente desorientado, encogiéndose de hombros le contesta... y si, lo espero.
El Pato: - Aguárdeme un ratito que enseguida le pesco una. Empujó la chalana que estaba sobre rolos en la orilla, pegó 4 o 5 golpes de remo, atravesó la embarcación, dejándola paralela a la costa y de espaldas al postulante, se inclinó sobre la banda opuesta, desprendió una pieza de regular tamaño, la levantó y se la mostró, preguntándole: - ¿Le sirve ésta?. El Forastero quedó mudo, asintió con la cabeza, pagó sin decir ni preguntar nada y preso del asombro se retiró, sin hacer el menor comentario.

Juan A. Pimienta Rodríguez


Datos – Censo 1996.
- Viviendas: 393
- Hogares: 61
- Población: 154


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